EDITORIAL| Medios comunicación al banquillo y la democratización pendiente
En tiempos de crisis institucional y corrupción política en Chile, los medios de comunicación tenemos el deber de divulgar con esperanza las experiencias y alternativas que permitan a la comunidad perspectivar otro mundo posible. Al mismo tiempo, se nos plantea la encrucijada u oportunidad histórica de comprometerse con los hechos e informar con rigurosidad periodística considerando las causas estructurales que, junto a las redes de poder, sustentan la corruptela. De lo contrario, se corre el riesgo de subordinar el oficio del Periodismo a la técnica de las Relaciones Públicas, así como reducir a los medios de comunicación al mensaje hegemónico que los intereses económicos se proponen reproducir. Lo anterior, exaltando episodios a conveniencia e invisibilizando otros que se difunden “sin penas ni glorias”, al punto de normalizar ciertas dinámicas de uso y consumo, cuando no, obviarlas como si aquí no pasara nada.
Entre los casos más gravosos, costosos y extensivos de corrupción en la historia reciente en Chile, el de Belaz Movitec, conocido también como el entramado de “la muñeca bielorrusia”, ha evidenciado una red compleja de coimas a ministros de las Corte de Apelaciones y Core Suprema, así como a conservadores de Bienes Raíces; estos últimos auxiliares de la administración de justicia adscritos al Código Orgánico de Tribunales (COT). Y a propósito de lo oculto o de lo menos visible, la tesis de lavado de activos y de dinero que atraviesa al Poder Judicial chileno acecha al Poder Mediático, no sólo por su rol en la cobertura noticiosa y la construcción de sentido común, sino que por la utilización de estas estructuras legales, como una sociedad de derecho privado cualquiera a través de la cual realizar transferencias bancarias “por razones prácticas” y “perder el rastro” de los dineros que hoy están siendo investigados por el Ministerio Público.
Tal es el caso del conservador de bienes raíces de Chillán, Yamil Najle Alée, imputado en la causa por lavado de activos, en condición de arresto domiciliario total y que según algunos ha sido “una pieza clave” en las diligencias investigativas al momento de “lavar las coimas” que habría pagado el consorcio bielorruso Belaz Motivec a la removida ministra de la Corte Suprema, Ángela Vivanco, estimadas en 45 millones de pesos. En ese contexto es que Najle recibió 25 millones de pesos que luego transfirió a Gonzalo Migueles, pareja de Vivanco, en una trama aún más extensa que incluye contratos de trabajo falsos donde las partes redactaban a gusto las cláusulas que luego Najle firmaría, otorgando apariencia de legalidad a los dineros recibidos y posteriormente transferidos, de los cuales señaló desconocer el “origen ilícito”.
Como fuere, y más allá de la persona, el mecanismo para lavar las coimas plantean escenarios razonables para reflexionar sobre el real uso de las instituciones y prever todas las señales posibles en las diversas dimensiones que muestra este nuevo caso de corrupción a la chilena (“chilean way”). Y es que más allá de las relaciones personales que motivó a Najle para aportar 1 millón de pesos para costear la defensa de Ángela Vivanco en medio de su proceso destituyente, e incluso al margen de la eventual red de influencias políticas para obtener el cargo de conservador en Chillán (cual será otra discusión complicada y compleja que se tendrá que celebrar); la incorporación de un medio de comunicación como testaferro para lavar el dinero y perder la huella -según ha imputado el Ministerio Público- es otro elemento que no debiese “pasar piola”. En la audiencia de formalización, Najle reveló el mecanismo empleado para transferir los dineros recibidos y vueltos a transferir, señalando que “cuando recibí estos $25.000.000 en mi cuenta corriente personal, posteriormente los transferí a la cuenta corriente de la empresa periodística Yamil Najle E.I.R.L., en atención a que, a través de la cuenta de esta empresa, podía transferir todo el dinero durante el mismo día”.
La triangulación en utilizar su empresa periodística con la que controla el patrimonial diario El Heraldo de Linares desde 2006, la cual permite “transferir grandes sumas de dinero”, en rigor, cinco pagos de 5 millones a favor de Gonzalo Migueles. En su declaración, Yamil Najle hoy suspendido de cargo de conservador, reconoció la realización de transferencias y contratos a Migueles, marcada por la emisión de boletas ideológicamente falsas.
Con todo, y tal como Foucault sostuvo sin extrañeza, “el discurso no es simplemente lo que manifiesta o encubre el deseo; es también el objeto del deseo” y, en este caso, los medios de comunicación y sus narrativas no sirven sólo para traducir “las luchas y los sistemas de dominación”, sino que se constituyen “por lo que y mediante lo cual se lucha”. Por lo mismo, obviar la flagrante jibarización de los medios de información y comunicación y su instrumentalización como meras “cajas pagadoras” debiera encender todas las alarmas, desde los propios proyectos comunicacionales, interpelando a las estructuras colegiadas de lxs profesionales de la comunicación, para decantar en la discusión de fondo, cual es la construcción de un sistema público de medios de comunicación en Chile. De lo contrario, seguiremos leyendo a diario, en los diarios, como los medios de producción informativa se emplean para diferentes objetivos más allá e informar, como el actualmente ramplón y develado subterfugio.
Evidentemente esta editorial no dice relación con la labor de lxs trabajadores de las comunicaciones, muchas veces precarizadxs, tampoco con el trabajo de los equipos humanos y que hacen viable cualquier tipo de empresa, también las empresas informativas. Tampoco esta posición pretende juzgar a los demás medios locales y comunicadores que guardan silencio al respecto, simplemente y al ser evidente la vulgaridad, este escrito pretende volver el foco al rol trascendente, pedagógico y cívico que debieran asumir los medios de comunicación, con transformaciones aún pendientes en materia de democratización mediática y combate a la concentración que hoy impera, el cual hoy se ve utilizado para mucho más que informar.